“ Los derechos económicos de uno terminan, donde comienzan los derechos económicos de los demás, y recíprocamente “
Introducción
Si se consulta hoy a la gente en Argentina, las personas dirán que prefieren empresas que den trabajo, aunque signifique para estas, resignar parte de sus ganancias, a empresas que para maximizar sus ganancias eliminen puestos de trabajo.
La gente dirá que prefiere postergar, el contar con el último adelanto técnico en su hogar, si esto pudiera ayudar a mantener su trabajo.
La gente opinará que el Estado podría contribuir a respaldar a estas empresas que priorizan a la gente, mediante compensación tecnológica (a través por ejemplo de sus Universidades) e inserción en los mercados exteriores de manera de satisfacer sus ganancias.
Es cierto, como bien señala Alvin Toffler [1], que la gente como productor-trabajador querrá obtener con su producto o trabajo la mejor paga o ganancia y como consumidor de productos o trabajos ajenos, pagar lo más barato posible.
En la década del 80 la gente pedía terminar con la inflación y que las novedades tecnológicas se incorporaran a nuestro mercado a través de las empresas extranjeras radicadas en el país, las que hasta entonces diferían la introducción de las propias innovaciones que estaban produciendo en sus países de origen, así como las empresas nacionales tampoco lo hacían.
No sólo era un impedimento gozar de estos adelantos sino que también sacaba al país de las posibilidades de exportación de productos con importante contenido de mano de obra argentina.
Las otras cuestiones de la época: la falta de crédito porque el gobierno lo absorbía y el desempleo encubierto en la subvención de empleo estatal en los tres niveles de la administración pública y sus entes autárquicos, por lo común a través del amiguismo o la vinculación, y el subempleo en la economía privada, lo que algún día habría de estallar.
Parece ser, que la prosperidad en la empresa propia vs. la pobreza ajena, a la vuelta del tiempo, da por resultado, que no exista en el mercado gente para comprar los productos de la prosperidad.
Entonces todos deberán comenzar a resignar algo para que la cosa funcione, no sólo los pobres.
El nombre podría ser cooperación y reciprocidad.
Las cuatro dimensiones de la democracia – La vida en democracia.
Mario Bunge [2] refiriéndose a los estudios sistémicos habla de la necesidad de considerar al hombre en sus cuatro aspectos o dimensiones: Biológico-social, Político, Económico y Cultural.
Podemos hablar en cada uno de ellos, de libertades o derechos relacionados con estos aspectos, y de conductas, actitudes o acciones humanas autoritarias o democráticas desplegadas en cada ámbito o dimensión.
Así el padre autoritario infringe a los hijos mal trato psicológico, castigos y azotes como regla de convivencia, o como el padre-patrón, explota a los hijos en una economía familiar de subsistencia. Contrasta con este, el hombre que comparte con su mujer la crianza de los hijos, que plantea resolver por consenso con su esposa , lo mejor para sus hijos, que comparten un principio de autoridad basado en el amor reciproco.
Así también, la aceptación de un pluralismo cultural o de la diversidad humana contrasta por ejemplo con la discriminación de la mujer por razones culturales o religiosas.
Hay una democracia social y una democracia cultural que son parte, junto con la democracia política y la democracia económica, de la vida en democracia.
Voy a tratar de acercarme en este análisis al concepto de democracia económica, no a su contenido, como tampoco voy a analizar los otros tres tipos de democracias a los que he hecho mención.
Un paralelismo entre la democracia política y la democracia económica.
Los ámbitos de desenvolvimiento de las libertades políticas y las libertades económicas no han tenido un paralelismo
El absolutismo monárquico evolucionó en la historia hacia la democracia política
El rey detentaba el monopolio del poder político que trasmitía por herencia a sus hijos. No había así libertad política para quien no fuera el Rey
La destitución del rey y el cambio del sistema entrañó la competencia por el poder político entre distintos candidatos, estos gozaron entonces de libertad política para llegar a gobernar.
Pero la libertad política fue concebida dentro de los limites de la democracia política en que el pueblo dirime, que candidato gobernará, evitando así la guerra civil impulsada por las luchas por el poder. [3] Hay un limite a la libertad, hay un límite a la forma de competir y a la propia competencia, que a su vez después de las elecciones exige cooperación democrática de gobierno.
En los casos que no fue así, en los que la democracia fue dejada de lado y hasta ridiculizada, la libertad política evolucionó hacia las dictaduras personalistas o ideológicas personalistas como el fascismo o el comunismo.
Pero la democracia no se limita solo a ser una forma de decidir quien ha de gobernar, sino que quien gobierna, debe gobernar con el objeto de procurar el bienestar general según expresa por ejemplo el preámbulo de la CN Argentina, fin para el que se constituye el Estado Argentino y su gobierno, como también garantizar los derechos del hombre y el ciudadano entre los que se encuentran los derechos económicos de trabajar y ejercer toda industria lícita, de transportar y comerciar.
¿No se repite esto de alguna forma en la economía?
Aunque para algunos parezca más atenuado porque la democracia política en el gobierno ha actuado en más o en menos favoreciendo o regulando el mercado económico, y para otros, en cambio, es más violenta en la figura de dominación del imperialismo económico; está presente una lucha por el dominio del mercado económico, como hay una lucha por el dominio del poder político.
¿Quién puede decir entonces que las consecuencias de la libertad política sin limites democrático-políticos difiere totalmente de las consecuencias de la libertad económica sin limites democrático-económicos?
¿Cómo evolucionó la economía?
El monopolio económico del Estado absolutista, en el cual el rey otorgaba cartas patentes, concesiones y privilegios a favor de unos comerciantes y armadores, da paso al derrocarse el sistema, a la competencia entre empresas, a la libertad económica de las distintas empresas para producir y comerciar tratando de llegar a dominar el mercado económico nacional y mundial[4].
Pero a diferencia de lo que ocurrió en el “mercado político” en el libre mercado económico, la libertad económica no fue concebida dentro de los limites de una democracia económica, en la que los derechos de trabajar y de ejercer la industria estén protegidos en el mercado, de la guerra entre empresas, la bancarrota y las consecuentes pérdidas de trabajo, procurando un compromiso de las empresas con el empleo y defendiendo a estas de la agresión [5], como por ejemplo la ayuda del gobierno de Francia a los productores agrícolas, o la coalición japonesa entre industria gobierno y empleo, finalizada la 2ª Guerra Mundial.
El poder económico evolucionó hacia una libertad económica sin los limites de la democracia económica.
Dirán en su contra, que así como el pueblo elige a sus gobernantes, extrayéndolos de la puja entre los candidatos, en un mercado con libre competencia el consumidor elige el producto o consume los productos de las empresas que entiende mejores, eligiendo así, a semejanza que en la política, con lo cual, la democracia económica es una realidad del mercado.
Yo diría que esa apreciación es válida en la imagen de un turista que visita un país ajeno, donde el no trabaja, ni dependen de la economía de ese país sus ingresos, y allí elige sin consecuencias personales directas, a menos que contemos que sacó divisas de su país para gastar en el extranjero, lo que incidirá en la balanza de pagos en la medida que no este compensada con el gasto de otros turistas que visiten nuestro país u otra forma complementaria y genuina de entrar divisas sin recurrir al crédito internacional.
Pero si en el país libremente todos deciden comprar por ejemplo en los negocios “todo por dos pesos” productos de conteiners chinos, algo malo va a pasar a los que trabajen en la industria local en esos rubros. Ya nos pasó con la tablita del dólar de Martínez de Hoz y el “deme dos” de los viajes a Miami, que terminó inflando la deuda externa del pueblo argentino.
No se interprete que las políticas públicas de cerrar las economías, fijar los salarios y los precios máximos de los productos, conducen a la democracia económica, no lo han hecho, como tampoco lo ha hecho la planificación económica soviética. ¿Porqué esto? Porque las políticas públicas se han movido a favorecer la libertad económica o en contra de la libertad económica, pero no en enmarcar la libertad económica dentro de una democracia económica que la contenga.
Así como la democracia política no se agota en la elección de los gobernantes, sino que su fin es la preservación de los derechos humanos y procurar el bienestar general, esto no puede estar ajeno a la democracia económica, y hoy en Argentina esta libertad económica ha evolucionado, hacia un mercado económico con cierra de industrias y desempleo crónico.
¿Es justo esto? Algunos argumentarán a favor de la libertad económica como suficiente en si misma para la democracia económica
Lo que no podrán decir es que desempleo y exclusión social son dos consecuencias lógicas de un accionar democrático, sino más bien producto de las distorsiones que dificultan o impiden la existencia misma de la democracia económica.[6]
Daniel Fernando Baraglia -Noviembre de 2001
El autor es Profesor Titular de Derecho Político y de Derecho Público Provincial y Municipal de la Facultad de Derecho Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Morón, Profesor Adjunto de Derecho Constitucional del Departamento de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Matanza, Miembro Titular de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional AADC, Socio de la Sociedad Argentina de Análisis Político SAAP y afiliado al Partido Justicialista Bonaerense.
[1] Alvin Toffler - La Tercera Ola – Plaza & Janes 1980
[2] Mario Bunge - Las Ciencias Sociales en discusión - Editorial Sudamericana 1999.
[3] Como por ejemplo la guerra de las Dos Rosas en Inglaterra, serie de guerras civiles por la sucesión dinástica entre las casas de Lancaster y de York desde 1455 hasta 1485
[4] El mundial, por ejemplo en el Reino Unido, con la ayuda del Gobierno y de las Fuerzas Armadas. Ver Eric Hobsbawm “ Industria e Imperio”
[5] La idea del darwinismo económico del mercado bajo el estudio de las ventajas comparativas, fue resumida por el Prof. Michael Gordon (Harvard University) en la imagen de dos peces enfrentados cara a cara y el slogan comer o ser comido. Seminario “Entrepreneurship” UADE 1de nov de 2001
[6] El presente trabajo se integra con el estudio “LOS CONTENIDOS CONSTITUCIONALES DEL MERCADO Y LA ECONOMÍA SOCIAL – Un camino hacia la democracia económica “ que fuera presentado en el SEMINARIO: ” La Economía Social – Una apuesta democrática ante la economía segmentada”. UNIVERSIDAD DE MORON 3 y 4 de octubre de 2001.
sábado, 31 de mayo de 2008
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